Madrugá de Genocidio (poema)
Homenaje a los héroes de la desbandá
Madrugá de genocidio (A los mártires de la desbandá)
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La carretera se encoge, el asfalto se rebela, y el cielo acobardado tras los nublados se esconde triste y avergonzado de la maldad de los hombres Roto queda el corazón, rota queda la garganta, cuando cargan los cañones y la multitud indefensa soporta su cruel descarga.
Vienen por la carretera objetos de tiro al blanco cuando ni la vida es suya cuando se intenta escapar del productor de sombras y su lengua retorcida que las ondas acrecientan para dar miedo, asustar a quien ni derechos quedan.
Queipo trae la venganza, el castigo a seguir vivos. y huestes asalvajadas a demostrar, homicidas, la “hombría” de aquellas tropas contra gentes ya vencidas cuando fácil es matar para el poder fratricida. |
Madrugá de genocidio sin grillos y sin luciérnagas sin luminarias celestes dónde hasta el sol se esconde para ocultar su vergüenza al sentir como a la historia la vergüenza la consterna.
Siguen en la carretera, sin camino y sin trinchera, sólo con desesperanza, objetos de tiro al blanco, víctimas de la barbarie, en abierto y sin defensa, en una curva cualquiera, maldad contra libertad, castigo a la resistencia.
Siguen en la carretera, sin más salida que huir perseguidos por las balas, —recordando a Federico rosas de pólvora negra— lanzadas contra la paz, por criminales de guerra. Llegarán hasta Almería a pesar de los cañones. Quedarán en el camino víctimas de la canalla, de fascistas y asesinos.
Y al fin llegan los que llegan, con la cabeza bien alta, el corazón dolorido y su dignidad intacta. |
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