LA CIENCIA EN AL ÁNDALUS
Breve aproximación a la ciencia y la tecnología en Al Ándalus
LA CIENCIA EN AL ÁNDALUS
Imagen de la Estatua de Ibn Firnás en los accesos al aeropuerto de Bagdad (Licencia Creative Commons)
Introducción
Pedro del Pozo Toscano, andaluz en la diáspora, químico por la Universidad de Sevilla, profesor en A Coruña, investigador de la didáctica de la ciencia y escritor, explora en este breve escrito el admirable panorama científico de Al Ándalus.
Un periodo dorado de nuestra historia que, paradójicamente, apenas tiene presencia en las historiografías oficiales del Reino de España —ni, dicho sea de paso, de la República de Portugal—. Un lastimoso vacío que responde a cuestiones políticas cuyo abordaje, sin duda necesario, excede los propósitos del presente análisis.
Al Ándalus, entendido este —sin ánimo de polémica ni profundidad— como la unión política y cultural existente en la Península Ibérica durante la Edad Media, desarrolló una sociedad próspera, culta y poderosa a través de regímenes tan variados como el Califato de Damasco, el Emirato Independiente de Córdoba, las Taifas autónomas o el Imperio Almohade con capital en Sevilla. Un país que, durante siglos, fue uno de los principales núcleos de referencia para la investigación científica, la innovación tecnológica y los avances médicos de la humanidad.
Claves del florecimiento científico en Al Ándalus
No es fruto de la casualidad que en Al Ándalus, habitualmente descrito como un crisol de gentes autóctonas y provenientes de otros lares, cristalizara —o, mejor dicho, fermentara— una sociedad caracterizada por cuidar y alimentar el conocimiento a través del arte, la filosofía y la ciencia.
Tampoco puede explicarse como el resultado de la mera suma de genios individuales, aunque más adelante desglosemos algunas figuras que, en cualquier caso, han de entenderse como resultado del ambiente científico de Al Ándalus y no como su causa.
Muy al contrario, una situación tan favorable para el libre desarrollo científico y tecnológico hubo de responder a la conjunción de varios factores que no se entenderían unos sin otros:
Inversiones en investigación
La prosperidad económica de Al Ándalus, especialmente durante el Califato de Córdoba y las últimas Taifas, permitió grandes inversiones en investigaciones científicas, instalaciones educativas, expediciones y traducciones que, a su vez, generaron mayor prosperidad e independencia política frente a otras naciones. Igual que ocurre hoy, la inversión en investigación, ciencia y educación científica favorece el desarrollo económico de los países que apuestan por ello.
Tolerancia ideológica y religiosa
La verdadera ciencia requiere debate, reflexión y libertad de investigación, que a su vez solo son posibles en un clima de tolerancia. El respeto a la diversidad de ideas, el rechazo a los dogmas establecidos y el freno al intervencionismo de poderes dinásticos, militares y religiosos externos a la actividad científica fueron señas de la identidad andalusí. Así, la participación de filósofos, pensadores y científicos de diferentes naciones, ideologías y credos enriqueció poderosamente el ambiente científico de Al Ándalus.
Importancia de las ciudades
La civilización andalusí, como hoy en día ocurre en Andalucía, se apoyó en ciudades densamente pobladas como Córdoba, Sevilla, Málaga o Granada, auténticos núcleos culturales que favorecieron cuestiones imprescindibles para el avance científico como la diversidad, el mestizaje y el intercambio. Así mismo, grandes bibliotecas como las de Córdoba o Medina Azahara no hubieran sido posible sin una población urbana fuerte y demandante de servicios culturales y educativos.
Creación y mantenimiento de centros de estudio
Los gobernantes andalusíes, o cuando menos la mayoría de ellos, promovieron y financiaron la creación y mantenimiento de escuelas, centros de investigación, bibliotecas y universidades que lograron atraer a eruditos y estudiantes de medio mundo: Constantinopla, Damasco, Bagdad, la Europa Central o Al Magreb, con el consiguiente intercambio cultural, filosófico y científico.
Divulgación de textos antiguos
La metódica traducción al árabe de textos clásicos —tanto del griego y el latín, por un lado, como del persa y el sánscrito, por otro— permitió transmitir conocimientos de geometría, álgebra, astronomía, mecánica, hidráulica, agricultura, botánica, química, farmacia, medicina… Y no solo transmitirlos, sino consolidarlos, enriquecerlos, ampliarlos y difundirlos.
Cabe recordar que Al Ándalus era una sociedad fundamentalmente bilingüe. El árabe clásico se usaba como lengua oficial, administrativa, política y literaria, mientras que en la vida cotidiana prevalecía el romance andalusí o romandalusí, muy usado también en el ámbito educativo. Sin olvidar, por supuesto, la presencia del amazigh-bereber y la existencia de un dialecto autóctono denominado árabe andalusí o árabe hispano.
Once figuras destacadas de la ciencia andalusí
Abbás Ibn Firnás
Entre los científicos más destacados de Al Ándalus se encuentra, sin duda, Ibn Firnás. Precursor de la aeronáutica, químico, médico, humanista, músico, poeta e inventor. Un auténtico polímata del siglo IX, como posteriormente pudieron serlo Hildegarda de Bilden, Leonardo da Vinci o Galileo Galilei. En su época recibió el sobrenombre de Hakim Al Ándalus, el Sabio de Al Ándalus. Un cráter lunar, el aeropuerto internacional de Bagdad y un moderno puente cordobés llevan su nombre. No en vano, Ibn Firnás, nacido en la floreciente ciudad de Ronda, fue la primera persona que voló con un aparato de mayor densidad que el aire y dejó registro de su hazaña —más de un milenio antes del famoso vuelo de los hermanos Wright—. Un vuelo de apenas 10 segundos y que acabó con dos piernas rotas, pero que supuso un hito enorme que la propia NASA reconoce, al distinguir a Ibn Firnás como “padre de la aeronáutica”. También diseñó un revolucionario reloj de agua, una esfera armilar para representar el movimiento de los astros y un planetario que construyó en su propia casa, basado en las Tablas de Sinhindi, provenientes de la India.
Lubna Al Qortobia
También conocida como Labana de Córdoba, fue una figura clave en el florecimiento cultural y científico de Al Ándalus durante el siglo X. Destacada intelectual, matemática, profesora y bibliotecaria de Medina Azahara. Una de las mujeres más influyentes y respetadas de su tiempo, reconocida por sus vastos conocimientos en historia, filosofía, literatura, geometría y medicina, y por su habilidad para transmitirlos a jóvenes estudiantes de varias generaciones.
Abul Qasim Al Zahrawi (Albucasis)
Descrito por el historiador estadounidense Josef W. Meir como “el mejor cirujano de la Edad Media”, Al Zahrawi es ampliamente considerado el padre de la cirugía moderna. Escribió una enciclopedia de medicina práctica de treinta volúmenes, titulada Kitab Al Tasrif. Su capítulo sobre cirugía fue traducido al latín, convirtiéndose en un libro de referencia en toda Europa. Sus instrumentos quirúrgicos, como el fórceps o el catgut, tuvieron un enorme impacto en las prácticas médicas tanto de la época como de siglos posteriores, e incluso algunos de ellos siguen en uso. Fue el primer médico en identificar la naturaleza hereditaria de la hemofilia, en describir el embarazo abdominal y en descubrir la causa principal de la parálisis.
Abdallah Al Bakri
Botánico y geógrafo. Nacido en Huelva, se trasladó a Córdoba para estudiar con maestros historiadores de la talla de Ibn Hayyan. Escribió sobre Asia, Europa y África, aportando numerosos datos sobre el comercio transahariano y las ciudades de la curva del Níger. Sus estudios destacan por la objetividad de las descripciones geográficas, botánicas, climatológicas y antropológicas.
Said Al Andalusi
Científico y, sobre todo, historiador de la ciencia. Nacido en Almería, representa una fuente imprescindible para el estudio de la ciencia antigua, medieval y andalusí. En su Kitab Tabaqat Al Umam (Libro de las categorías de las naciones) estudia el desarrollo universal de la filosofía y la ciencia. En eél cataloga escuelas y astronónomos de la época y anteriores, clasifica las naciones entre aquellas que contribuyen a la ciencia y aquellas que no, y emplea explicaciones deterministas geográficas para las características físicas y psicológicas de los habitantes de las distintas naciones, por ejemplo, escribe que “los hombres paganos del norte, a causa de que los rayos del sol no caen directamente sobre sus cabezas, su clima es frío y su atmósfera nubosa, suelen mostrar un temperamento frío y un humor rudo”.
Ibrahim Ibn Al Zarqali (Azarquiel)
Astrónomo y geógrafo del siglo XI, nacido en Toledo y fallecido en Sevilla. Construyó instrumentos como astrolabios y azafeas, escribió sobre astronomía teórica y realizó un sinfín de observaciones y predicciones astronómicas basadas en tablas de datos. Actualmente, muchos divulgadores e historiadores de la ciencia combaten el inexplicable olvido de las aportaciones de Al Zarqali a la astronomía mundial. Es el caso de Antonio Claret dos Santos, destacado investigador del Instituto de Astronomía de Andalucía.
Abu Ibn Zuhr (Avenzoar)
Médico y farmacéutico nacido en Peñaflor, cerca de Sevilla. Buen amigo de Ibn Rusd, al que citaremos más adelante. Su trabajo se caracterizó por una metodología radicalmente empírica que le llevó a abandonar los “argumentos de autoridad”. Entre sus innumerables aportaciones a la práctica médica podemos destacar que desarrolló la práctica y uso de la traqueotomía y que aplicó métodos de disección pioneros en animales y humanos. También descubrió que la causa de la sarna era un ácaro, lo que permitió desechar la Teoría Galénica de los Cuatro Humores. En el campo de la neurología proporcionó descripciones muy avanzadas de la meningitis. Por último, gracias a Ibn Zuhr la medicina andalusí fue la primera en aplicar la anestesia por inhalación, utilizando esponjas.
Abdallah Ibn Sina (Avicena)
Filósofo y médico persa nacido en la ciudad de Buhará, en tierras de la actual República de Uzbekistán. Vivió buena parte de su vida en Al Ándalus, a través del cual difundió sus prácticas por el resto de Europa. A su bien conocida obra filosófica, Ibn Sina suma su interés en la medicina y, ante todo, por la conservación de la salud y la medicina preventiva mediante la práctica deportiva, la hidroterapia, los hábitos de higiene y el cuidado de las relaciones interpersonales.
Muhammad Al Idrisi
Geógrafo, cartógrafo y explorador. Nacido en Ceuta, se trasladó a córdoba, primero, y a Palermo después, donde trabajó hasta su fallecimiento para el reino normando de Sicilia. Creó uno de los mapas más precisos de su época y escribió que “la Tierra es redonda como una esfera”. La Universidad de Clark (Worcester, Massachussetts) tiene un sistema de información geográfica cuyo software lleva su nombre, IDRISI-GIS, que funciona desde 1987 y sirve para visualizar y analizar información geoespacial cada vez más compleja.
Abul Walid Ibn Rusd (Averroes)
Filósofo, astrónomo y médico andalusí, nacido en Córdoba y fallecido en Marrakesh. Además de su extensa e influyente obra filosófica, Ibn Rusd escribió varios tratados de medicina, entre los que destaca el Kitab Al Kulliyyat Al Tibb (Libro de las generalidades de la medicina). Su traducción al latín fue un libro médico de referencia en Europa durante siglos. Como curiosidad, el título de este libro es contrario y complementario a otro escrito por su buen amigo Ibn Zuhr, titulado Kitab Al Juziyyat Al Tibb (Las particularidades de la medicina).
Ibn Al Baitar
Botánico y farmacéutico del siglo XIII, nacido en Benalmádena —donde existe una estatua en su honor— y fallecido en Damasco. Escribió, entre otras obras, la enciclopedia sobre plantas medicinales más completa de la época, en la que describe cerca de 1500 especies de plantas con sus usos medicinales, muchos de ellos descubiertos por el mismo Ibn Al Baitar. Traducida al latín, tuvo una gran influencia en el trabajo de botánicos, herboristas y farmacéuticos de todo el mundo, principalmente durante la Ilustración europea.
Relevancia histórica de la ciencia andalusí
La ciencia en el resto de Europa durante la época dorada de Al Ándalus
Como hemos visto, la sociedad andalusí fue un caldo de cultivo ideal para avances científicos tan sobresalientes como los ingenios voladores de Ibn Firnás, los astrolabios de Al Zarqali o los métodos cirujanos de Al Zahrawi. Mientras Al Ándalus presumía del placer de investigar, descubrir, explorar, experimentar y discutir libremente investigación, el resto de Europa sufría el control de los sectores más conservadores de la sociedad, encabezados por la Iglesia Católica, cuyo dogmatismo tanto perjudicó el trabajo científico.
No es de extrañar, por tanto, que la ciencia andalusí, fruto de la labor colectiva de numerosos científicos y científicas, dejó una huella imborrable en la historia de la humanidad, con figuras tan destacadas como las citadas, y otras menos recordadas, que realizaron importantes contribuciones en campos como la astronomía, el álgebra, la cirugía o la botánica. Sus obras, muy probablemente, no hubieran burlado las censuras de otras épocas y lugares. i
Legado de la ciencia andalusí
La ciencia andalusí tuvo un impacto profundo en el mundo. Sus descubrimientos e inventos se extendieron por todo el Mediterráneo, llegaron a Europa, África, Arabia, Persia y la India a través de traducciones, intercambios académicos, contactos comerciales y viajes de exploración.
Por ejemplo, la traducción al latín de obras andalusíes fue de capital importancia en la aplicación de las bases del método científico durante el Renacimiento y, por tanto, del posterior desarrollo de las metodologías científicas actuales.
Así mismo, la Universidad Al Qarawiyyin de Fez, fundada por la erudita Fatim Al Fihri y catalogada por la ONU como la Universidad en funcionamiento más antigua del mundo —la segunda es la de Bolonia— formó parte durante siglos de la esfera cultural andalusí.
En cualquier caso, más allá de estas y otras muchas cuestiones concretas, más allá de la ciencia o la medicina, de cuidadosos mapas del cielo o catálogos de plantas, de instrumentos de cirugía o aparatos voladores, la sociedad andalusí fue capaz de situar el conocimiento científico y la libertad de investigación por encima de la creencia dogmática y la intolerancia.
Y es este, sin duda, el mayor de sus legados: demostrar de lo que somos capaces cuando elegimos bien nuestras prioridades colectivas.
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