Agua de Doñana - Informe para la presidencia de la Comisión Europea

La alusión al agua en referencia a Andalucía viene siendo una constante histórica, ya sea a causa de su abundancia cuando la presión humana no era tan fuerte como ahora y por tanto el consumo, ya por la escasez a que hemos llegado en el momento presente, por varios factores que deben ser conocidos en profundidad para aportar soluciones a la precaria situación actual.

Agosto 13, 2024 - 15:46
Actualizado: 2 años atrás
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Agua de Doñana - Informe para la presidencia de la Comisión Europea

Lugar del agua

Parece lógico que los nombres adjudicados en la antigüedad a los diversos lugares y estados, proceda del exterior del propio Estado y que se fundamentaran en alguna característica peculiar. Por ejemplo, el nombre de “España” se fraguó en Francia; los franceses llamaban “Hispania” a los varios estados existentes en la península ibérica para ahorrarse unas denominaciones del que la mayoría aún carecían. Las definiciones más antiguas le fueron adjudicadas por Grecia. Entre ellas «País de Occidente», donde se ve un apelativo a su situación geográfica, en el extremo opuesto a quien lo refiere. País de Occidente era la forma de referirse al espacio situado en el extremo oeste del «Mare Nostrum» (Mar Nuestro), en la actualidad Mar Mediterráneo. Eso fijó, definió, a la civilización tartessa, formación política, como las propias «polis» griegas, situadas en el extremo oriental del Mediterráneo, entonces conocido como «mar de Jonia».

Otra denominación para esta formación geográfica-política, basada en sus extensas costas y sus numerosos ríos y afluentes, de mayor trascendencia en tanto ya no es una cuestión geográfica sino alusiva a sus características, a su morfología, fue «Lugar del Agua» definición referente a su configuración. Los idiomas de la antigüedad no eran tan ricos como los actuales, normalmente las palabras se resumían en unas pocas letras, tres o cuatro casi siempre. Así se comprende la etimología del nombre Tartessos, pues Mar de Jonia se escribía «SOS» y Lugar del agua «ATL», lo que dio lugar a los términos «Atlántida» (Tierra de atlantes) y «Atlántico» (lugar dónde se sitúa la Atlántida, más allá de las columnas de Herakles). Con el tiempo, por deformación fonética, como le ocurre a todos los idiomas, el prefijo «ATL» derivó hasta TALT, primero y más adelante, a consecuencia de esa misma relajación, quedó transformado en TART. La lejanía, la fantasía y la impresionante masa marina más allá del estrecho, temida por su desconocimiento, se unieron para dar naturaleza al sustantivo Tartessos.

Esta sería la secuencia de la formación del nombre:

Tart (es) Sos

Lugar del agua (al otro lado del) Mar de Jonia

La alusión al agua en referencia a Andalucía viene siendo una constante histórica, ya sea a causa de su abundancia cuando la presión humana no era tan fuerte como ahora y por tanto el consumo, ya por la escasez a que hemos llegado en el momento presente, por varios factores que deben ser conocidos en profundidad para aportar soluciones a la precaria situación actual.

El agua de Andalucía

El agua apta para consumo humano en todo el mundo, no llega al 0,007% de toda la existente en el planeta, pequeña cantidad en descenso a causa de la contaminación. Además no está repartida de forma uniforme, por el contrario en algunos lugares la tienen en abundancia, mientras otros sufren sequías duraderas y restricciones. Andalucía se encuentra en el segundo grupo, y aunque haya territorios más perjudicados, su situación está cambiando a peor y ese parece ser el futuro por la falta de lluvias a causa del cambio climático y del trato recibido por la sociedad, en especial por los más responsables; por lo general históricamente ha venido disponiendo de cantidad suficiente para sus necesidades, pero ya, en este momento los prolongados periodos de tiempo de escasa lluvia, y la carencia de soluciones planteadas por los gobernantes, están empezando a crear problemas que llegarán a ser de subsistencia si no se cambia el modelo de consumo cuanto antes.

El agua embalsada era suficiente para atender al consumo humano, riegos y producción de energía, hasta llegar una de las mayores sequías desde principio del siglo XX. Sin embargo, los enemigos de embalsar agua han aumentado a pesar de la situación y a pesar de la realidad, presionan con el fútil pretexto de «liberar obstáculos» o «dejar fluir el agua», como si el agua no fuera a terminar en el mar o en otro río. Si Andalucía no embalsa agua llegará un momento —y para eso no faltan siglos— en que no habrá agua ni siquiera para beber.

De forma habitual se ha venido utilizando el agua superficial, la de los ríos, para consumo humano y para regadíos y en segundo lugar en bastante menor medida, el de los manantiales. Pero esta tendencia se está invirtiendo y aunque el consumo de los acuíferos no ha llegado a ser mayoritario se está poniendo a muchos de ellos en riesgo de desecación y salinización. De los cuarenta y cinco acuíferos repartidos por la superficie de Andalucía, alguno ya está en riesgo grave de desecación, pues se ha usado de forma intensiva, sin tener en cuenta su agotamiento sobre todo si no se recuperan al no recibir aportes para su recarga. Los acuíferos se recargan por filtración desde los ríos y por la lluvia y al mismo tiempo tienen salida por caños y fuentes, nacimiento de la mayor parte de los ríos. Esto marca, da una idea de su necesidad y del riesgo de tomar el agua directamente a través de pozos.

No merece la pena agotar esos recursos hídricos pues de su agotamiento se generará dificultad grave, en muchos casos imposibilidad de cultivar la tierra, con lo que en poco tiempo hasta los agricultores (colectivo al que el gobierno andaluz dice proteger) se quedarán sin agua para regar. Es importante tenerlo en cuenta, porque cada acuífero agotado constituirá una pérdida dramática, pues no solamente faltará agua para consumo humano, sino también para continuar con los cultivos en ese área.

Humedales imprescindibles

Los humedales son espacios, por lo normal, con una capa freática cercana a la superficie. En algunos puntos dónde la superficie terrestre se hunde por debajo del nivel de la zona por algún fenómeno natural o artificial se forman pequeñas y medianas lagunas también llamadas lucios. Estos espacios húmedos constituyen el hábitat idóneo para cientos de especies animales y vegetales. Por tanto, estos espacios naturales contribuyen de forma decisiva y crucial a mantener viva la naturaleza, con toda su importancia y el beneficio aportado a la subsistencia del propio ser humano.

La zona húmeda “Marisma de Doñana” ocupa la mayor parte de lo que en la antigüedad fue un golfo de escasa profundidad, cuyos vértices se hallaban en Saltés, Bonanza e Ílipa Magna (Alcalá del Río), con posterioridad convertido en Lago Ligustinus, cuando solidificó la línea de costa a causa del cierre entre los islotes situados en esa línea, con los aportes de tierra y limos desde el Guadalquivir y la arena traída por el viento desde el desierto, aportes que terminaron por aterrar todo el lago y dejarlo convertido en marismas. En sus orillas existieron varias ciudades, algunas de las cuales han pervivido, como la antigua Tejada, (hoy Paterna del Campo), Nabrixa (Lebrija), Onoba (Huelva), o el Santuario del Lucero (Sanlúcar de Barrameda). Una ciudad, Xera (Jerez), aunque no en la misma orilla, vivió muy cerca del lago como la perdida Turpa, supuesta capital de Tartessos por algunos estudiosos, aunque no hay datos al respecto. Dentro del lago, en concreto en algunas islas situadas en la parte norte, nació y creció Sevilla, por tanto ciudad lacustre, con sus suburbios sostenidos por palos hundidos en el lago, según relata San Isidoro; esta doble característica, la original construcción de la ciudad dentro del terreno inundado de relativamente escasa profundidad y su condición lacustre, pues la denominación de marismas o lugar pantanoso era SPA, dio a la ciudad el nombre de Spal, para sucesivamente ir actualizándose por deformación fonética o traducción, según los casos, en Spali, Ispali, Híspalis, Ixvilia y por último el actual, Sevilla.

La marisma se fue retirando de las orillas y de la zona norte, la menos profunda, su tamaño fue mermando hasta pasar a ocupar la mayor parte de la superficie de lo que había sido lago. El territorio se mantuvo sin grandes cambios, inundable en invierno pero no apto para el cultivo. Por fortuna esa ha sido su salvación porque dentro de la marisma, como parte de ella, ha quedado un espacio natural de importancia mundial, por la pervivencia de más de seiscientas especies animales distintas y vegetación exuberante en la zona de matorral y tras las dunas móviles.



Doñana, Patrimonio Mundial y Reserva de la Biosfera

La existencia y persistencia de esta extensa zona húmeda se debe —y se agradece— a la falta de utilidad para el cultivo como ya se ha dicho en el párrafo anterior. Esa es la razón principal por la que se ha mantenido virgen hasta nuestros días con el nombre de “Coto de Doñana” hasta su declaración como Parque Nacional a final del siglo XX. Una superficie ligeramente superior a la del Parque Nacional fue declarado Parque Natural como zona de defensa del primero nombrado Patrimonio de la Humanidad y reserva de la Biosfera por la UNESCO. Doñana es un tesoro mundial y nos ha tocado mantenerlo intacto para beneficio de todo el mundo.

Estos nombramientos, necesarios desde mucho antes de haberle sido otorgados, son un reconocimiento a su importancia mundial y al mismo tiempo apoyo necesario a su subsistencia y mantenimiento.

Los tres ecosistemas básicos de Doñana son el matorral, habitado fundamentalmente por mamíferos, la marisma, hábitat de peces, anfibios y aves y las dunas móviles únicas de esa condición existentes en Europa. Como muestra de la importancia mundial de Doñana, de la necesidad de su mantenimiento, valgan unos ejemplos.

1.- La gran masa arbórea y el humedal refrescan los vientos procedentes del Sáhara, lo cual hace más llevadero el verano en Andalucía y sur de Portugal. Imaginemos lo que sería la vida sin Doñana: entre otros “detalles” la proliferación de mosquitos haría insufrible la vida al ser humano.

2.- Fallecerían todas las aves que cada año hacen el periplo desde el Norte de Europa hasta el sur de África. Doñana es su lugar de descanso y procreación. Hay otros, más pequeños, como las lagunas de Zóñar o de Fuente de Piedra, pero por su tamaño no bastan para acoger a todas las aves que anidan en Doñana. Quien conoce el ciclo de la vida, conoce también el desastre originado por la pérdida de una especie. Más aún si la pérdida fuera general y masiva.

3.- Las aves insectívoras limpian los cultivos a su paso de insectos dañinos. La desaparición de esas aves supondría una catástrofe mundial, porque se perderían las cosechas y aumentaría la cantidad de insectos y alimañas, con perjuicio irreparable para todos los seres vivos. Algo similar ocurre con las especies invasivas, como el cangrejo rojo americano, especie muy prolífica y voraz, que ha terminado con el cangrejo autóctono y podría llegar a destrozar hasta el arrozal incluso. La única forma de ponerle freno a su desarrollo es la pesca, sin embargo, un grupo supuestamente ecologista, ha estado a punto de impedir la pesca.

En definitiva, las zonas húmedas y los bosques son la vida del planeta y Doñana y su entorno uno de los territorios clave para defender la vida animal, vegetal y en consecuencia también la humana, aunque el ser humano se caracteriza por su egoísmo, debe comprender que él también forma parte del mundo animal

Pero la marisma, incluidos los Parques Nacional y Natural, es un espacio muy sensible, delicado, puesto en peligro por las actuaciones humanas tanto en su interior como en su entorno y si no se cuida como es debido su deterioro puede ser fatal por irreversible.

Agua y biodiversidad

El agua es el elemento básico más preciso para la vida. La naturaleza, los seres vivos, el ser humano, no pueden vivir sin ella. Ya hemos visto qué pequeño porcentaje de toda el agua existente en el planeta es válida para consumo humano. La cantidad de agua disponible para conservar sanos animales y plantas es bastante mayor pero también ajustada, muy ajustada, por lo que su mantenimiento en buen estado es una necesidad perentoria. Todo cuanto se labore capaz de influir negativamente en la cantidad y calidad del agua dulce, debe ser erradicado por procedimiento de urgencia o se correrá el peligro cierto de provocar su salinización y agotamiento, con las gravísimas consecuencias negativas correspondientes.

El Parque Nacional, el Natural, toda la marisma y todos los seres que la habitan de forma permanente u ocasional necesitan el agua para subsistir. La subsistencia del matorral en Doñana y su entorno y por supuesto la lámina de agua en la marisma, son absolutamente necesarias. Acabar con el agua superficial supone un crimen de lesa majestad; más aún porque es un crimen contra toda la humanidad. Sin embargo, por razones desconocidas, la Junta de Andalucía canalizó hace pocos años toda el agua de la marisma para conducirla hasta el río Guadalquivir y junto a él arrojarla al mar por medio de una planta de bombeo. Una serie de canales construidos para drenar toda el agua de la marisma ha convertido una superficie casi permanentemente inundada en naturaleza muerta al dejarla completamente seca. Incluso el agua de lluvia se mantiene muy poco tiempo en la superficie, pues esos drenajes la conducen hasta la estación de bombeo.

Esa agua es vital para Doñana y para toda la marisma ¿por qué se hizo esa obra con el único fin de desecarla? Esa situación no debe naturalizarse, el agua debe volver, Doñana se nutre precisamente de la lámina de agua superficial, la que la autoridad autonómica arroja directamente al mar. En este momento, la cuarta parte de los grandes alcornoques se han perdido o están en trance de desaparición. El agua es necesaria para la marisma, para la naturaleza, para los parques Nacional y Natural; para la supervivencia de la vida, debe volver a correr. La necesita la naturaleza, por lo tanto es imprescindible para el ser humano. Es una apuesta absurda, más que eso, suicida, prolongar esta situación hasta hacerla irreversible. Según el profesor Manuel Delgado Cabeza «la agresión permanente a que se está sometiendo el Parque, constituye un auténtico saqueo. El sistema económico y el político vienen condenando a Doñana y a Andalucía al papel de sirvienta de un capital global que para satisfacer su necesidad de acumulación necesita apropiarse la riqueza aquí generada».

La biodiversidad, la subsistencia de las especies animales habitantes del Parque y su entorno, está relacionada directamente con el primer nivel, la capa freática y superficial, de la que se nutren. Precisamente la capa anulada por la Junta de Andalucía al construir los drenajes y la estación de bombeo para arrojar el agua al mar. Como muestra del abultado quebranto ya sufrido, el CSIC ha informado de la pérdida de un gran número de lugares de reproducción para anfibios y de diversas especies acuáticas, como las libélulas y los odonatos (más conocidos como “caballitos del diablo”) La desecación de varias de las lagunas más importantes, como la de Santa Olalla o los caños de la vera ha provocado la desaparición de la colmilleja, el salinete y la anguila, especies en riesgo de extinción pero conservadas en Doñana hasta su extinción forzada por la falta de agua. El agua conducida a la estación de bombeo y desde ella perdida en la mar.

La UE avisa

La Comisión Europea, después de nueve años de peticiones, reclamaciones y denuncias por la WWF y otras entidades, ha tomado en cuenta la necesidad y su deber de intervenir para impedir el desastre anunciado al que ayuntamientos, Junta de Andalucía y Gobierno central están provocando por su irresponsabilidad y su falta de compromiso con un bien imprescindible para la vida animal y humana, por no adoptar las medidas necesarias, mucho más precisas que impopulares. Lo impopular casi siempre se termina aceptando por comprensión del mal evitado. La destrucción es una pérdida para siempre. En su fallo, el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) destacaba la sobreexplotación del acuífero hace ya cuatro años: «el deterioro de estos hábitats continúa y seguirá deteriorándose debido al descenso del nivel piezométrico del acuífero sin que España haya adoptado las medidas necesarias para poner fin a este deterioro». El Tribunal fallaba así en positivo a las sucesivas denuncias presentadas por WWF y otros, que desde 2010 ya se referían a «la extracción abusiva e insostenible de agua en el entorno de Doñana con destino al cultivo intensivo de fresas». Frente a los falsos argumentos en torno a la riqueza y los empleos producto del cultivo, se debe responder, primero, que la inmensa mayoría de los puestos de trabajo lo desarrollan temporeras de otros países. No es que eso sea despreciable, pero no es una riqueza que repercuta directamente en Andalucía. Por lo demás, se debe recordar que la mayoría de las empresas explotadoras son multinacionales, por tanto tienen su sede fuera de Andalucía. Volviendo al profesor Manuel Delgado Cabeza «tiene que ver con una manera de entender la economía que encubre los costes sociales y ecológicos de las actividades localizadas en zonas de sacrificio como Doñana y Andalucía, organizadas para alimentar la expansión y el poder de las grandes corporaciones que gobiernan las cadenas de valor en las que se insertan estas actividades».

El agua de Doñana

El subsuelo de Doñana cuenta con tres acuíferos. El primero, al que ya nos hemos referido en el párrafo anterior, es la capa freática de escaso espesor y se encuentra a muy poca distancia de la superficie. Es el que crea los lucios, gracias a los cuales viven miles de especies. Y el que está desapareciendo debido al desvío del agua superficial a la gran estación de bombeo.

El acuífero central, de bastante más espesor, es heredero del lago Ligustinus, es de agua salada y se mantiene por la aportación de filtraciones desde el mar vecino.

El tercero, de agua dulce como el superficial, el más profundo, es también el mayor, el que contiene mayor cantidad de agua. De este precisamente, se viene extrayendo agua para regadíos.

El primer acuífero no admite pozos, es de escaso volumen y está muy próximo a la superficie. Es del que se nutren las plantas y animales pero ha sido drenado como ya se ha expuesto en el capítulo dedicado a la biodiversidad. Del segundo, el intermedio entre los dos manantiales de agua dulce, no se puede extraer agua porque es salada. Pero la extracción masiva hecha hasta ahora en el tercer acuífero está a punto de provocar una grave catástrofe irreversible. Ahora veremos por qué.

El subsuelo del espacio ocupado en su momento por el golfo primero y más recientemente por el lago Ligustinus, no es material sólido. Las paredes intermedias entre los tres acuíferos no es rocosa, es terreno de aluvión y arena como corresponde a su rellenado. Eso quiere decir que es el volumen de agua existente en los dos más profundos, quien sostiene al acuífero inmediato superior. O sea: el acuífero de agua dulce, más profundo, sostiene al intermedio, de agua salada y éste al superficial, también de agua dulce. Y aquí reside el grave problema que puede hacer desaparecer el Coto de Doñana. Como es fácil observar, la extracción masiva de agua del acuífero más profundo produce un vacío, porque no le da tiempo a recuperarse con la misma velocidad con que se consume su agua. Ese vacío, provocado por la disminución de la bolsa sobre la que se sustenta la pared horizontal que a su vez sostiene al manantial intermedio, antes o después provocará un hundimiento y no tiene por qué ser «muy después», dado que estas consecuencias tardan en darse, pero cuando se dan se precipitan y aceleran. El hundimiento será la catástrofe de daño irreparable. Porque eso mezclará el agua de los tres acuíferos, con lo cual, toda el agua restante quedará salinizada, por lo tanto plenamente inútil para uso humano, animal y vegetal. Será ese el momento en que perezcan tanto las plantas como los animales habitantes de la marisma. De toda la marisma incluidos los Parques Nacional y Natural y todos los cultivos de todo el Condado de Niebla. El agua salada no sirve para regar, la naturaleza, el parque Nacional, el pre parque, las zonas verdes, y todos los cultivos existentes en esa área, habrán dejado de existir en ese momento. Sólo hay que aplicar la lógica que apoya en este caso a la ciencia, porque ni ahora ni en el futuro ganarán las personas ni la naturaleza, ni los políticos, ni la sociedad civil, ni los agricultores ni falsos protectores del medio ambiente. Tan sólo se verá beneficiado el gran capital, como siempre.

Las consecuencias de la extracción masiva de agua de los acuíferos no es fantasía, no es imaginación: ya se está dando. Ya ha habido hundimientos por sobreexplotación al vaciar el agua, elemento que sostenía la difícil estabilidad del territorio. Ese es el mayor peligro que afecta a Doñana, que al utilizar masivamente el agua del acuífero, ese vacío provoque un hundimiento. En otros lugares la consecuencia, grave, no tiene parangón con lo que acaecerá el día que al acuífero le faltara más de la mitad del agua contenida, porque en ese momento se mezclarían las tres capas y al mezclarse toda quedaría inutilizable porque se salinizaría toda el agua del Condado de Niebla.

Una tragedia mundial

Esto no es catastrofismo, querer verlo así es empeñarse en desconocer adrede la realidad. Se ha explicado con detalle para hacerlo comprensible. Cerrarse en ignorarlo hará culpable de la tragedia a quienes se esforzaran en negarla. Cualquier pequeño movimiento terrestre que arranque algunas piedras o terrones es suficiente para comenzar un hundimiento convertido en tragedia irremediable en pocas horas, todo lo más pocos días. Las consecuencias de la utilización del acuífero de Doñana conducen a terminar con la vida en la zona. Puede verse con claridad cómo la sobre explotación del agua no es solamente “pan para hoy y hambre para mañana”. También es eso, pero es mucho más. Una tragedia mundial pues toda el agua sería inutilizable con lo que el territorio resultaría inútil, también, para el cultivo. La codicia actual, haría imposible la vida y el aprovechamiento de la marisma en el futuro.

Si hay voluntad hay solución

Este breve informe persigue mantener la naturaleza en consonancia con las necesidades de los seres humanos. Para ello la primera acción para mantener la vida en el Parque Nacional, el Natural y su entorno es recuperar la capa freática empezando por deshacer o taponar los drenajes y desmontar la estación de bombeo. Como esta operación no tendría efectos inmediatos, se debería aportar agua desde el Guadalquivir, con cuidado de disminuir su caudal, por el contrario se debe mantener su curso natural, tomándola lo más cerca posible de Bonanza para evitar el perjuicio a otros enclaves próximos e impedir su salinización.

Otras medidas, más que necesarias imprescindibles, son:

  • No se debe extraer más agua del acuífero inferior, por lo menos hasta que se haya recuperado. Cuando eso ocurra sólo sería permitido extraerla en la misma medida en que se vaya recuperando otra vez para mantener su nivel sin disminución.

  • Posibilitar en cuanto sea posible la re-introducción de aquellas especies animales y vegetales perdidas.

  • Actualizar el sistema de evaluación del acuífero pues el actual está muy desfasado con lo que ya está provocando más daños que beneficio.

  • Llevar a cabo evaluaciones anuales para comprobar la disponibilidad de agua suficiente y decidir las cantidades máximas que sería posible extraer, sólo para actividades de mejora y mantenimiento de la humedad en el entorno.

  • Cultivar sólo aquellos productos adaptados a las condiciones específicas del terreno. Y para los que ya están en marcha, buscar el agua por otros métodos sin desechar la desalación de agua de mar y sin extraerla del acuífero salvo en las condiciones contenidas en el apartado primero de estas medidas.

Todo el contenido de este informe es susceptible de mejora, porque su objetivo por encima de todo es la protección de la vida tanto silvestre como humana, pues la vida del ser humano depende directamente de la naturaleza de la que forma parte inseparable.

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