Esclavos malagueños para el papa Inocencio VIII (1487-1488)
el 4 de febrero de 1488, se ofrecieron al pontífice cien esclavos donados por los reyes, lo que constituyó un espectáculo deslumbrante, cuyos pormenores se estudian aquí con minucia.
Este contenido no deja de ser un resumen del documento que se aporta abajo con todos los datos que corroboran el hecho.
La conquista de Málaga por las tropas hispanas (18 de agosto de 1487), que suponía el dominio completo del extremo occidental del territorio moro y la posesión del puerto más preciado de que hasta entonces había dispuesto el emirato granadino para su conexión con África y Oriente, tuvo una rápida y extensa resonancia en los territorios de la monarquía hispana. Asimismo, el acontecimiento hubo de propagarse enseguida en el extranjero, pues, el mismo 18 de agosto, el rey se lo anunciaba a Ferrante, y, el 12ͬ de septiembre, desde Nápoles, Battista Bendedei, embajador de Ferrara en el reino, lo participaba a Ercole I dͭEstez. Meses más tarde, algunos mandatarios foráneos también recibirían una remesa de malagueños cautivados.
En Roma los ecos de la toma de Málaga no cesaron en 1487 sino que prosiguieron en 1488, sobre todo por el espectáculo que significó la llegada a la urbe de un centenar de esclavos donados por los reyes a Inocencio VIII. En efecto, si la entrega de Málaga supuso, como en campañas anteriores, la liberación de prisioneros cristianos en un número próximo a seiscientos, las condiciones de la capitulación determinaban que los habitantes de la ciudad, salvo Alí Dordux y algunos de sus próximos, quedaran ’todos ellos catiuos», lo que equivalía a decir esclavos unos quince mil, al decir de Valeraͯ, algo más de once mil, de acuerdo con el parecer algo dudoso de Bernal dezlz, el cual coincide con el autor de los Hechos del marqués de Cádiz, según el cual los combatientes y los reyes se repartieron entre tres mil y cerca de ocho mil respectivamente (cap. XLVII, 283)Ͱ; ’multa milia sarracenorum» en el cómputo indeterminado de Diego de Muros II que los califica de ’captiui» (Breue Epithoma, fol. 4o); y unos treinta y cinco mil, según Pere Bosca, quien los llama ’seruos» (Oratio, fol. Sr), mientras que Lorenzo Galindez de Carvajal prescinde de cualquier guarismo concreto, al igual que harán posteriormente las fuentes arabes. Aun rechazando sin ninguna duda la cifra hinchadísima de Bosca, la cual, a juzgar por otros apuntes correctos de su Oratio, pienso que se explica más por un error de información que por un intento de magnificar la victoria hispana, la diferencia entre las fuentes coetáneas resulta sustancial y desconcertante. Así, Ladero Quesada, sin mencionar ni a Bosca ni a Muros II, asegura, por un lado, que el número de Valera ’es digno de ser tenido en cuenta por la exactitud que muestra en sus restantes noticias sobre este asunto , pero, por otro, estima el ofrecido por Bernaͭldez como el más aproximado ‘según cálcu- los prudentes’ y, a partir del mismo, distingue entre los forasteros que habían participado en la defensa de la ciudad (unos dos mil quinientos o tres mil) y ’los malagueños propiamente dichos, más de 8 000. Del total de los habitantes, los pertenecientes a algunas minorías, como los elches, fueron también apresados o incluso ejecutados, mientras que a los judíos, que representaban una considerable población de unos cuatrocientos habitantes, se los rescató con contribuciones económicas hechas entre 1488 y 149019, por más que un testigo tan bien documentado como Diego de Muros II asevera que se ajustició a varios junto a distintos desertores (’nonnulli praeterea heretici Mosaycae ώdei, jam pridem in hac urbe se receperant, de quibus simul et de perfugis summum supplicium sumptum»: Breue Epithoma, fol 4/0)Ͱ. A los otros moradores, considerados esclavos de acuerdo con las leyes de guerra, las cuales no desentonaban en el entorno papal, acorde con la pervivencia de tal vejación en las sociedades urbanas del Mediterráneo europeo durante la Baja Edad Media, y que además constituían la principal causa de esclavitud en todos los mercados peninsulares, se los instaló en unos corrales cercanos a la alcazaba, donde se les unieron ochocientas personas de Mijas y Osunilla, se los censó y se inventariaron sus bienes entre el 25 y 29 de agosto, preparando su distribución.
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