Hazas de la suerte
Cada 22 de Diciembre- en año bisiesto- las tierras comunales se reparten por sorteo entre los vecinos que forman parte del padrón. Un legado patrimonial y cultural que conservan gracias a un héroe popular, Juan Relinque.

La conquista cristiana del territorio de Vejer supuso su posterior repoblación con castellanos venidos desde los más remotos confines de la península. Sin embargo, al situarse en una zona tan expuesta a los peligros de una frontera, el rey Sancho IV se vio en la necesidad de incentivar la llegada de nuevos pobladores, concediéndoles en 1288, además de privilegios fiscales, una serie de lotes de tierras de labranza, también llamadas hazas, sin la necesidad de tener que responder ante señor alguno, es decir, nacen las hazas como propiedad del común de vecinos .
En 1307, Fernando IV hace donación a Alfonso Pérez de Guzmán el bueno y sus herederos, los futuros Duques de Medina Sidonia, el señorío jurisdiccional sobre la villa y término de Vejer, imponiéndoles como condición el respeto de los privilegios concedidos años antes a sus pobladores, entre ellos las hazas como propiedad comunal. Ese respeto solo durará 140 años, ya que en el siglo XV, pasadas varias generaciones en la Casa Ducal de Medina Sidonia, el entonces duque bajo el pretexto de considerarse dueño y señor de Vejer comienza a arrendar las hazas. Ante esta enajenación del patrimonio comunal, se genera numerosas protestas vecinales y conflictos encabezados por un personaje mítico en la historia de Vejer, Juan Relinque. Este vejeriego fue capaz de defender los derechos de sus vecinos ante el duque, y de lograr en 1535 una Provisión Real con el que poder demandarlo ante la Audiencia de la Real Chancillería de Granada. Ante tamaña afrenta, el duque responde emprendiendo acciones de todo tipo contra Juan Relinque y sus seguidores, desde denunciarlo por generar un motín, hasta detenerlo y trasladarlo a la prisión de Sanlúcar el día del Corpus Christi de 1536. También intentó llegar a acuerdos o transacciones con los vecinos; sin embargo, todos ellos fueron declinados aduciendo que no se podían hacer transacciones ni concierto alguno sobre bienes públicos de la villa y vecinos. Los pleitos continuaron a lo largo de todo el siglo XVI. Durante este tiempo fallecieron tanto el Duque como el propio Juan Relinque, pero aún entonces el litigio continuó, pues como apuntara A. Bernabé, el ducado nunca renunció a sus posesiones vejeriegas sobre las que creía tener legítimo derecho, y los vecinos de Vejer, imbuidos en el espíritu de libertad y justicia defendidos por Juan Relinque, no cejaron en su empeño de recuperar su patrimonio comunal. Finalmente, el 8 de febrero de 1566 la Real Chancillería de Granada resuelve el caso mediante un auto a favor de Juan Relinque y sus convecinos, y dicta sentencia condenatoria contra el duque de Medina Sidonia. Desde esta fecha se fija un sorteo (de ahí que sean de suerte) de las 356 hazas con las que contaba Vejer, primero cada tres años y desde 1580 cada cuatro. Hay que indicar también que, a partir de la sentencia condenatoria, el agraciado en el sorteo era quien cultivaba estas tierras, posibilitando su supervivencia al menos durante cuatro años. Sin embargo, a partir de 1868 el agraciado podía bien trabajarla bien arrendarla a una figura jurídica que nacerá desde entonces: el Asentado, que es el agricultor que posee los medios necesarios para trabajar una haza y cuya obligación será la de pagar la renta al agraciado. En la actualidad el agraciado solo tiene derecho a percibir la renta de la haza tocada en suerte, existiendo un padrón de asentados que trabajan de por vida estas tierras comunales.
A pesar de considerarse el personaje histórico más importante de Vejer, poco sabemos de la vida de este ilustre vejeriego que, cansado de las injusticias, decide enfrentarse contra el poder despótico y autoritario del Duque de Medina Sidonia con el firme propósito de defender los intereses legítimos de sus vecinos. Sus reivindicaciones comenzaron en 1535, cuando expresa públicamente su rechazo tanto a pagar las cargas y gravámenes impuestas por el duque como a permitir la usurpación de las tierras comunales. Este rechazo le granjeó numerosas consecuencias, desde coacciones y arrestos hasta intentos de asesinato. Sin embargo, su entrega a la defensa del bien común, su lucha y tenacidad manifiesta fue lo que permitió la conservación de lo que hoy es para el vejeriego su legado más preciado. El respeto de Vejer por Juan Relinque crece al acercarse a su figura, pues no fue más que un labrador de pequeña cuantía cuya valentía, liderazgo y oratoria logró levantar la conciencia de todo un pueblo para alzarse en contra de los abusos ducales. Por la documentación existente en el Archivo de la Real Chancillería de Granada se sabe que no era analfabeto, sabía escribir y firmar y tenía dotes para persuadir a sus vecinos. Juan Relinque moriría el 10 de septiembre de 1554 sin descendencia y sin ni siquiera saber que años más tarde su lucha cobraría sentido y su Vejer, sus paisanos y la memoria colectiva de todo un pueblo le tendría reservada una página de honor en su milenaria historia por lograr la pervivencia de un patrimonio hoy único en el mundo y promover en el vejeriego el espíritu de libertad y defensa de los derechos comunales.
La segregación de Barbate
Uno de los episodios que han marcado de manera más notable el devenir de las Hazas de Suerte lo constituye la segregación de Barbate de Vejer de la Frontera en 1938. Este hecho tuvo importantes consecuencias en el patrimonio comunal ya que entre las cláusulas de la emancipación se recogían el repartimiento de tierras y espacios para el municipio naciente. Fue éste un proceso no ajeno a la polémica, pues existía en Vejer una tradición secular por la que se manifestaba que todo aquel que perdía la vecindad perdía también sus derechos sobre los bienes comunales. Sin embargo y a pesar de ello, Barbate se llevó 124 Hazas de Suerte, quedándose Vejer con las 232 restantes. El clima de crispación que se vivió en las calles de Vejer por aquella injusticia fue silenciado por las autoridades bajo todo tipo de amenazas. Hay que entender el contexto histórico en el que se produjo, en plena guerra civil, con un alcalde afín al Régimen en Barbate y con los miedos y represalias existentes ante cualquier oposición. Poco tiempo después, Barbate vendía el 85% de su patrimonio comunal al Estado para la construcción de un campo militar de adiestramiento en la Sierra del Retín, lo que confirmaba por un lado la vocación marinera con la que nacía el nuevo municipio y por otro el escaso interés en mantener un patrimonio por el que los vecinos de Vejer habían estado luchando durante siglos.



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