Las lágrimas sin consuelo del aficionado: el día que lloró el Mediterráneo
Su edad no llegaba a los cincuenta años, pero la dignidad que le abrasaba de dolor el alma y le rompía el corazón era más grande, más intensa y más elegante que la dignidad acumulada de toda la banda de jugadores y técnicos que, con su actitud en el campo ayer y durante (casi) toda la temporada habían provocado la inconsolable amargura de la derrota.
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